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Artículo realizado por el Equipo de TKE Home Solutions
Miércoles, 22 de febrero de 2023
Una de las dolencias asociadas a la diabetes es el pie diabético, que conlleva una reducción de la sensibilidad en las extremidades inferiores y la aparición de infecciones que pueden tener graves consecuencias. Por todo ello, cuidar la higiene de los pies y elegir correctamente el calzado a utilizar es algo imprescindible para las personas diabéticas.
Tres de cada diez personas que sufren diabetes tienen un riesgo elevado de sufrir un pie diabético a lo largo de su vida. Por todo ello, la prevención es fundamental, ya que se calcula que hasta ocho de cada diez problemas relacionados con el pie diabético se pueden prevenir tomando las medidas oportunas.
Las medidas de prevención más importantes pasan por comprar un calzado para diabéticos adecuado y extremar las medidas higiénicas en las extremidades inferiores. También conviene adaptar la vivienda con el fin de disminuir las posibilidades de sufrir un accidente que pueda dar lugar a fracturas, ya que en las personas diabéticas cualquier herida puede dar lugar a complicaciones.
Las personas con diabetes tienen más riesgo de caídas que la población general por su nivel de azúcar en sangre y una mayor toma de medicación. Tener diabetes tipo 1 se asocia con un aumento de mása del 30 % del riesgo de caídas respecto a la población general, mientras que las personas que sufren de diabetes tipo 2 tienen asociado un 20 % más de riesgo. Si la persona diabética es mayor de 65 años, hay, además, un 30% de riesgo añadido. Por todo ello es necesario extremar las precauciones en la vivienda, además de procurar tener una correcta higiene de los pies y elegir el calzado adecuado para evitar complicaciones que pueden ser de gravedad en las personas diabéticas.
A continuación detallamos una seríe de características importantes a la hora de elegir el tipo de zapato ideal para las personas con diabetes.
Los diabéticos necesitan que el zapato, especialmente en su parte delantera, cuente con suficiente espacio como para que los dedos se muevan libremente. Si están apiñados pueden ocasionar heridas o provocar una sudoración excesiva que podría derivar en la aparición de hongos. Lo más recomendable son los zapatos terminados en punteras cuadradas o rectangulares, altas y anchas.
Aunque se necesita que el pie tenga cierta libertad de movimiento, no conviene comprar un número mayor al que se usaporque de esta manera el pie bailaría dentro del zapato y podrían formarse úlceras. Tampoco conviene comprar un zapato muy ajustado para evitar los pies hinchados. Lo ideal es que el modelo que se compre sujete bien al pie sin presionarlo. Muchas personas diabéticas deciden comprar zapatos con cordones o cintas de velcro con el fin de poder graduar el agarre dependiendo de lo hinchados que tenga los pies o los calcetines que utilice en cada momento.
Los zapatos cerrados son la mejor opción porque así se evita que se introduzcan piedrecitas que puedan provocar una herida en los pies. Muchas personas diabéticas acusan una falta de sensibilidad que impediría detectarlo.
Lo mejor es elegir zapatos confeccionados en un material de buena calidad, evitando los sintéticos, ya que los hongos y las bacterias proliferan en ambientes húmedos y cálidos. El material elegido debe ser flexible y transpirable.
Las suelas de los zapatos no pueden ser finas ni blandas, ya que deben proteger al pie de los objetos punzantes. Además, deben ser antideslizantes. En cuanto al tacón, lo más recomendable es que tenga entre dos y cinco centímetros de altura, y que esté reforzado. Si la persona diabética usa plantillas específicas, lo más recomendable es que se pruebe los zapatos con ellas.
El interior del zapato, especialmente la parte por donde entra el pie, debe ser acolchado, para reducir la posibilidad de que se produzcan rozaduras. Además, el modelo elegido no debe contar con costuras internas.
Los colores claros absorben menos calor de los rayos de sol y, por tanto, consiguen que los pies no se sobrecalienten tanto como ocurre con los zapatos de colores oscuros en verano. Si se vive en una zona con temperaturas de fuertes contrastes, lo ideal es tener un calzado más cálido y otro más ventilado, para poder irlos alternando.
Lo ideal es acudir a la zapatería a partir de las cinco de la tarde, cuando el pie se encuentra algo más hinchado por lo que se ha caminado durante el día. De esta manera, no se correrá el riesgo de comprarse un zapato que al día siguiente pueda parecer demasiado apretado.
A la hora de comprar calzado, y teniendo en cuenta que dos de cada tres personas tienen un pie ligeramente más grande que otro, hay que probarse los zapatos en ambos pies y andar por la tienda para ver las sensaciones que nos causan y sentir si aprietan en algún punto del pie.
Mantener un cuidado y una higiene correcta del pie evitará la aparición de heridas que puedan provocar serias complicaciones. No hay zapatos para diabéticos como tales, pero si características que hacen que algunos tipos de zapatos sean mejores que otros para evitar pies hinchados, heridas y otras molestias.
Hay que observar los pies cada día de una manera minuciosa para comprobar si hay alguna herida, ampolla o rozadura. Si es así conviene curarla con jabón neutro y agua tibia, aplicarse un antiséptico suave y cubrir la zona con un apósito estéril que no sea adhesivo. Ante cualquier duda, mejor consultar al médico.
Después de salir de la ducha, la persona diabética tiene que secarse bien los pies, especialmente la zona entre los dedos. De igual manera, conviene cambiarse los calcetines cada día y evitar que los pies suden, ya que la humedad puede causar heridas o infecciones.
Si existe riesgo de cortarse, mejor limar las uñas. Y si se cortan, hay que hacerlo siempre de forma recta, limando los bordes para evitar que se claven y causen heridas en la carne.
No hay que tocar callos, ni durezas. El cuidado específico de los pies le corresponde al podólogo.
Los calcetines deben ser de algodón, lino o lana, o de tejidos naturales, sin costuras. Hay que evitar caminar descalzo por la casa.
La persona diabética no debe aplicar calor en forma de manta eléctrica o bolsa de agua directamente sobre sus pies. Además, hay que medir la temperatura del agua de la ducha con la mano, para evitar posibles quemaduras por falta de sensibilidad.
Cuando se estrenen zapatos, no caminar con ellos más de 30 minutos diarios durante la primera semana, para observar si producen heridas, ampollas o rozaduras. Después, hay que ir aumentando el tiempo de uso progresivamente.
Antes de ponerse los zapatos, la persona debe comprobar que no hay residuos o cuerpos extraños dentro de ellos, y que el material se encuentra en perfecto estado, sin pliegues, arrugas, agujeros o roturas de material.
La vivienda de una persona diabética debe estar adecuada a sus circunstancias. En primer lugar, se recomienda tener la medicación guardada siempre en el mismo lugar, pero también contar con suministros extra por si acaso la medicación se ha terminado y la persona no se ha percatado de ello. Lo mejor es escoger un recipiente transparente para guardar las medicinas y así poder ver fácilmente lo que hay dentro del mismo.
Si el diabético vive con familiares, conviene que estén familiarizados con la enfermedad. Preguntar a la persona cómo se encuentra, evitar culpabilizarla, tener empatía ante sus cambios de ánimo o de humor, o cambiar de hábitos de forma solidaria puede ayudar mucho a la persona diabética.
Además, hay que retirar de la vivienda todo lo que suponga un riesgo de caída, especialmente si la persona diabética es mayor o tiene problemas de movilidad. Guardar la alfombra o mantenerla siempre bien estirada, no sobrecargar los espacios con muebles o instalar un salvaescaleras en la vivienda de dos plantas puede resultar muy útil para evitar caídas.
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